Acoso escolar
El alumnado de Educación Primaria, durante el acto de concienciación contra el acoso escolar

Este martes, el Colegio Ave María Casa Madre de Granada se ha sumado a la convocatoria realizada por diferentes agentes sociales para combatir y luchar contra el acoso escolar. Una lacra que señala y marca a los alumnos y alumnas más vulnerables y cuyas consecuencias marcan un antes y un después en la vida de las víctimas y de su entorno más próximo.

Por este motivo, los 700 alumnos del centro -desde Educación Infantil a Bachillerato- se han sumado en un emotivo minuto de silencio para recordar a todas las víctima de acoso escolar y, especialmente, a la alumna sevillana Sandra Peña cuya muerte ha conmocionado a la comunidad educativa de toda Andalucía. 

El alumnado de Bachillerato, asimismo, a través de su alumna Marina Abellán, elaboró un manifiesto donde se invitaba a combatir el acoso y todo aquello que lo acompaña: «esa falta de escucha, esas risas que duelen, esos silencios que hieren. Por eso cada uno de nosotros y nosotras debe atreverse, ahora más que nunca, a mirar más allá de las apariencias, a tender una mano sin esperar que se la pidan, a romper risas crueles, los comentarios que dañan, los gestos que excluyen. Porque cada vez que alguien elige el respeto, el cuidado y la empatía, una herida del mundo empieza a cerrarse».

A este acto de reivindicación, se sumaron otras actividades como en Educación Primaria, donde el alumnado participó a través de un taller de lectura, Déjame en paz, con el que concienciar a los más pequeños de valores como el respeto, la tolerancia y la integración. 

Desde el Colegio Ave María Casa Madre, según ha señalado su director, David García Trigueros, y en colaboración con toda la comunidad educativa, se está trabajando en la puesta en marcha de una Escuela de Familias para crear una red de colaboración entre los padres, madres, docentes y demás asociaciones vinculadas al centro y al barrio para seguir tomando conciencia de esta realidad y dotar de recursos, habilidades y estrategias que permitan no sólo prevenir el acoso o las conductas suicidas, también detectar situaciones de vulnerabilidad.

Lee, al completo, el manifiesto del alumnado de primero de Bachillerato

El año 2024 finalizó con una cifra exacta de 3.846 casos de suicidio; cada una de estas cifras con un nombre y apellidos exactos, con una historia que se pudo contar, con un familiar, amigo o conocido que aún lucha en pena por ese dormitorio vacío, esa conversación que no pudieron empezar, ese pupitre vacío, esa mirada que solían ver con regularidad.

Hoy, martes, 28 de octubre, nos reunimos para guardar silencio a todo aquel que sufre y sufrió. Un silencio que no pretende llenar el aire sino el alma, y hacernos despertar; pues este silencio grita aunque arezca de voz. Grita por Sandra Peña, la joven de 14 años que no tendría porqué haber marchado. Grita por todas las personas que cargan con un dolor que el mundo no supo ver.

Y es que, hay silencios que pesan más que cualquier palabra. El silencio del que sufre, del que mira y no actúa, de quienes pudieron hacer algo y no lo hicieron; hoy, queremos convertir ese silencio en un eco, una memoria, una promesa; pues ni Sandra ni cada una de las personas que ya no se encuentran aquí con nosotros necesitan ser recordados con tristeza, como solo tragedia, sino con propósito: no solo el mero acto de acoso es la que destruye a un alma por dentro, también es esa falta de escucha, esas risas que duelen, esos silencios que hieren, … Por esto, hoy estamos aquí para que cada uno de nosotros se atreva ahora más que nunca a mirar más allá de las apariencias, a tender una mano sin esperar que se la pidan, a romper esas risas crueles, los comentarios que dañan, los gestos que excluyen,… ese silencio hiriente. Porque cada vez que alguien elige el respeto, el cuidado, la empatía, una herida del mundo empieza a cerrarse.

Con esto en mente, y en nuestro corazón, dedicamos ahora unos minutos de silencio: un silencio que no calle, un silencio que transforme, que abrace la memoria de Sandra y de todos aquellos que venimos a recordar hoy; que nos recuerde que cada una de estas vidas las de todos, merecen ser abrazadas y escuchadas.

Tras esta reflexión, es el momento de cada uno de nosotros levante la cabeza, luche por aquellos que ya no tienen fuerzas, aprenda una forma diferente de mirar, convivir y vivir, para que todos juntos podamos empezar algo nuevo, un cambio.

Por Sandra. Por todas las vidas que merecen ser defendidas. Por el cambio que empieza hoy.

Marina Abellán, alumna de 1º Bachillerato